Recuerdos de invierno en cuarentena
Cuarentena y sus cosas bonitas
Pareciera que desde el 20 de octubre del año 2019 el reloj se detuvo. Ya no funcionó y se quedó ahí, el año 2020 comenzó casi sin sentirlo, enero y febrero pasaron como almas en pena y solo pudieron sentirlos los mas afortunados.
Marzo calló como un balde frío de agua, nos hizo volver casi a la fuerza a esta "nueva realidad", pero pareciera que no era una opción seguir como si nada pasara. Con esta nueva normalidad, una nueva etapa comenzó.
Una crisis sanitaria a nivel mundial, como una película de ficción, pero esta vez no había país con una cura, no había un héroe con el ADN resistente al virus y E.E.U.U. no salvó la situación, estuvo lejos de serlo.
Chile no fue lo de menos, las personas que lideran el país solo trataron de salvar la economía de grandes empresarios, la salud cayó, se vió todo el sector y la gente vulnerable que sobrevive en esas partes del país que están escondidas y qué increíblemente nuestro ministro de salud (mañalich), desconocía. Después de dos semanas de clases, hemos vuelto al hogar, con teletrabajo clases online y el invierno acuestas. Esta no es para nada una estación del año que pueda disfrutar, me incomoda el frío, mis manos pasan todo este tiempo entumidas, pero este año, este año cambió.

Lo que recuerdo cuando llega el invierno
Cuando tenía unos 5 años viví en una casita modesta (mediagua) en un bosque, pero no a modo mágico, ser pobre no es mágico, recuerdo que cuando comenzaba el invierno mi mama juntaba nailon para poner sobre el techo, el suelo de tierra dejaba pasar la humedad y muchas veces solo había sopita o caldito para comer. Mi padre era una persona que solo recordaba que tenía casa cuando su sueldo ya se había ido entre mujeres, amigos y vino, un ser violento que se odiaba a si mismo y por ende todo lo que le rodeaba, incluidos nosotros; Mi mamá, mi hermano yo.
Mucho tiempo después, por esfuerzo de mi mamá tuvimos departamento, un lugar calentito que no se llovía y no tenia olor a madera, orines y humedad. Pero el invierno seguía llegando, con él nuevos recuerdos. Con la edad de 7 años debía caminar al colegio, nadie nos iba a dejar, mi mamá trabajaba y yo era la mayor, siempre tuve buena memoria visual, pero nunca me aprendí el nombre de las calles (hasta hoy solo me ubico según los edificios que me rodean), unos días antes de vacaciones de invierno caminábamos hacia el colegio, con nuestros montgomery puestos, recuerdo que me encantaba, un color azul casi negro, con botones que parecían colmillos de algún animal y se podía poner de dos maneras diferentes ya que era reversible. Ese día comenzó a llover, a mitad del camino, llegamos al colegio estaba la inspectora y nos dice que no había clases, nos pregunta si teníamos a alguien quien nos fuera a buscar o si vivíamos cerca. Mentí y le dije que vivíamos cerca, caminamos aproximadamente una hora y media para llegar a casa, mientras tanto no paraba de llover. Pasamos por todas las posas que se nos cruzaron, jugamos tanto que nos caímos dentro de una posa enorme de agua, se mojaron los libros, zapatos, por supuesto la ropa también.
Hoy de adulto no puedo darme "esos lujos" si llego a salir con lluvia, a la vuelta regreso con dolor de cabeza, tercianas, presión baja y somnolencia ¡que maravilloso! Me ha pasado varia veces ya, pero agradezco vivir con personas que me aman y me cuidan. Hace poco tuve que ir a mi lugar de trabajo (aunque estamos en cuarentena hay que ir una vez por semana durante tres a cuatro horas), al volver estaba con todos los síntomas mencionados, pero mi casa estaba calentita, el dormitorio tiene calienta-cama así que me metí ahí, en mi camita y dormí lo suficiente para recuperarme. Tengo lujos que cuando estaba pequeña solo veía en comerciales e imaginaba que solo la gente "rica o millonaria" podía tener. Hoy los tengo y a veces lloro por que siento que en un punto me gustaría volver atrás y regalarle a mi madre, mi hermano y mi yo pequeña, todas estas cosas que tengo ahora, pero no se puede. Me siento culpable de tener lo que tengo, pero no quien soy, por eso también prefiero disfrutar de esta oportunidad, de poder vivir estos momentos pequeños pero llenos de felicidad y así hacer nuevos recuerdos de invierno.
Marzo calló como un balde frío de agua, nos hizo volver casi a la fuerza a esta "nueva realidad", pero pareciera que no era una opción seguir como si nada pasara. Con esta nueva normalidad, una nueva etapa comenzó.
Una crisis sanitaria a nivel mundial, como una película de ficción, pero esta vez no había país con una cura, no había un héroe con el ADN resistente al virus y E.E.U.U. no salvó la situación, estuvo lejos de serlo.
Chile no fue lo de menos, las personas que lideran el país solo trataron de salvar la economía de grandes empresarios, la salud cayó, se vió todo el sector y la gente vulnerable que sobrevive en esas partes del país que están escondidas y qué increíblemente nuestro ministro de salud (mañalich), desconocía. Después de dos semanas de clases, hemos vuelto al hogar, con teletrabajo clases online y el invierno acuestas. Esta no es para nada una estación del año que pueda disfrutar, me incomoda el frío, mis manos pasan todo este tiempo entumidas, pero este año, este año cambió.

Lo que recuerdo cuando llega el invierno
Cuando tenía unos 5 años viví en una casita modesta (mediagua) en un bosque, pero no a modo mágico, ser pobre no es mágico, recuerdo que cuando comenzaba el invierno mi mama juntaba nailon para poner sobre el techo, el suelo de tierra dejaba pasar la humedad y muchas veces solo había sopita o caldito para comer. Mi padre era una persona que solo recordaba que tenía casa cuando su sueldo ya se había ido entre mujeres, amigos y vino, un ser violento que se odiaba a si mismo y por ende todo lo que le rodeaba, incluidos nosotros; Mi mamá, mi hermano yo.
Mucho tiempo después, por esfuerzo de mi mamá tuvimos departamento, un lugar calentito que no se llovía y no tenia olor a madera, orines y humedad. Pero el invierno seguía llegando, con él nuevos recuerdos. Con la edad de 7 años debía caminar al colegio, nadie nos iba a dejar, mi mamá trabajaba y yo era la mayor, siempre tuve buena memoria visual, pero nunca me aprendí el nombre de las calles (hasta hoy solo me ubico según los edificios que me rodean), unos días antes de vacaciones de invierno caminábamos hacia el colegio, con nuestros montgomery puestos, recuerdo que me encantaba, un color azul casi negro, con botones que parecían colmillos de algún animal y se podía poner de dos maneras diferentes ya que era reversible. Ese día comenzó a llover, a mitad del camino, llegamos al colegio estaba la inspectora y nos dice que no había clases, nos pregunta si teníamos a alguien quien nos fuera a buscar o si vivíamos cerca. Mentí y le dije que vivíamos cerca, caminamos aproximadamente una hora y media para llegar a casa, mientras tanto no paraba de llover. Pasamos por todas las posas que se nos cruzaron, jugamos tanto que nos caímos dentro de una posa enorme de agua, se mojaron los libros, zapatos, por supuesto la ropa también.
Hoy de adulto no puedo darme "esos lujos" si llego a salir con lluvia, a la vuelta regreso con dolor de cabeza, tercianas, presión baja y somnolencia ¡que maravilloso! Me ha pasado varia veces ya, pero agradezco vivir con personas que me aman y me cuidan. Hace poco tuve que ir a mi lugar de trabajo (aunque estamos en cuarentena hay que ir una vez por semana durante tres a cuatro horas), al volver estaba con todos los síntomas mencionados, pero mi casa estaba calentita, el dormitorio tiene calienta-cama así que me metí ahí, en mi camita y dormí lo suficiente para recuperarme. Tengo lujos que cuando estaba pequeña solo veía en comerciales e imaginaba que solo la gente "rica o millonaria" podía tener. Hoy los tengo y a veces lloro por que siento que en un punto me gustaría volver atrás y regalarle a mi madre, mi hermano y mi yo pequeña, todas estas cosas que tengo ahora, pero no se puede. Me siento culpable de tener lo que tengo, pero no quien soy, por eso también prefiero disfrutar de esta oportunidad, de poder vivir estos momentos pequeños pero llenos de felicidad y así hacer nuevos recuerdos de invierno.
Mucho tiempo después, por esfuerzo de mi mamá tuvimos departamento, un lugar calentito que no se llovía y no tenia olor a madera, orines y humedad. Pero el invierno seguía llegando, con él nuevos recuerdos. Con la edad de 7 años debía caminar al colegio, nadie nos iba a dejar, mi mamá trabajaba y yo era la mayor, siempre tuve buena memoria visual, pero nunca me aprendí el nombre de las calles (hasta hoy solo me ubico según los edificios que me rodean), unos días antes de vacaciones de invierno caminábamos hacia el colegio, con nuestros montgomery puestos, recuerdo que me encantaba, un color azul casi negro, con botones que parecían colmillos de algún animal y se podía poner de dos maneras diferentes ya que era reversible. Ese día comenzó a llover, a mitad del camino, llegamos al colegio estaba la inspectora y nos dice que no había clases, nos pregunta si teníamos a alguien quien nos fuera a buscar o si vivíamos cerca. Mentí y le dije que vivíamos cerca, caminamos aproximadamente una hora y media para llegar a casa, mientras tanto no paraba de llover. Pasamos por todas las posas que se nos cruzaron, jugamos tanto que nos caímos dentro de una posa enorme de agua, se mojaron los libros, zapatos, por supuesto la ropa también.
Hoy de adulto no puedo darme "esos lujos" si llego a salir con lluvia, a la vuelta regreso con dolor de cabeza, tercianas, presión baja y somnolencia ¡que maravilloso! Me ha pasado varia veces ya, pero agradezco vivir con personas que me aman y me cuidan. Hace poco tuve que ir a mi lugar de trabajo (aunque estamos en cuarentena hay que ir una vez por semana durante tres a cuatro horas), al volver estaba con todos los síntomas mencionados, pero mi casa estaba calentita, el dormitorio tiene calienta-cama así que me metí ahí, en mi camita y dormí lo suficiente para recuperarme. Tengo lujos que cuando estaba pequeña solo veía en comerciales e imaginaba que solo la gente "rica o millonaria" podía tener. Hoy los tengo y a veces lloro por que siento que en un punto me gustaría volver atrás y regalarle a mi madre, mi hermano y mi yo pequeña, todas estas cosas que tengo ahora, pero no se puede. Me siento culpable de tener lo que tengo, pero no quien soy, por eso también prefiero disfrutar de esta oportunidad, de poder vivir estos momentos pequeños pero llenos de felicidad y así hacer nuevos recuerdos de invierno.

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